La historia se hizo cerveza

Qué pena Pedemonte

Lunes, 9 de octubre de 2017

El cierre de un restaurante histórico es siempre motivo de dolor. Y de pena. Increíble, pero no trascendió el cierre de Pedemonte, cuya fundación databa del año 1890. Lo descubrimos, de casualidad, transitando la Avenida de Mayo a la altura del Nº 682, donde ahora vemos una cervecería más.

Leemos en el sitio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires lo siguiente: "Año de Declaración, 1995; Sitio, Restaurante Pedemonte; Dirección, Avenida de Mayo 676; Norma 49879; Texto de la Placa "Fundado en 1890".

Y más adelante dice: "El Restaurante Pedemonte fue fundado por José Pedemonte -inmigrante italiano- en su primitiva ubicación de Rivadavia 619. Desde allí se convirtió en una referencia gastronómica y cultural del Buenos Aires de esa época, envuelta en cambios tan vertiginosos". Escritores como Leopoldo Lugones y Rubén Darío se sentaron en sus mesas. También los protagonistas políticos del momento, como Bartolomé Mitre, Juárez Celman, Lisandro de la Torre y Carlos de Alvear.

Antes de recalar en su actual ubicación de Avenida de Mayo Nº 676/682, funcionó -desde 1970 a 1976- en la calle Esmeralda Nº 59. Pese a sus traslados, "ha conservado de gran parte de la suntuosa decoración de su época inicial, sobresaliendo en ella los vitraux, los vidrios y espejos biselados, así como también su importante pero sobria boisserie Art Nouveau. Una barra de roble se destaca en su mobiliario, así como también sus arañas de bronce".

"También ha mantenido a lo largo de los años una cuidada atención de sus clientes. Posee una amplia variedad de oferta en licores y es recomendado por su gastronomía. Entre sus platos recomendados se encuentran el puchero, la pascualina de corazón de alcauciles, el lomo a la pimienta verde de Madagascar y la Omelette Surprise".

Pedemonte ya había tenido un cierre temporal en 2003, luego de que la cooperativa que armara el mâitre Ramón Toledo no logró llevar adelante la nueva etapa de la casa después de casi veinte años de esfuerzos.

Luego de ese cierre temporal, el restaurante cayó en manos de otros propietarios que sacaron lo poco de la historia que quedaba. Si hasta había shows de música y otras actividades bizarras, ya que el local se alquilaba para cualquier cosa con tal de recaudar.

Una vieja crónica del diario La Nación decía: "¿quién preparará la tarta de alcauciles, la brandade de bacalao, el entrecote Marchand, los tournedos Rossini y aquel último puchero de grano de pecho?". Eso fue en 2003 y lo repetimos ahora nosotros. La respuesta es: "nadie". Como pasó con La Emiliana en la Avenida Corrientes y Uruguay, Pedemonte ya es historia.

Cuando caminábamos por la vereda sur de la Avenida de Mayo al 600, uno instintivamente buscaba la fachada del restaurante. Hoy, en cambio, solo vemos propuestas de cerveza Stella con una grande de muzza (sic) a solo $ 280.

Donde había alcauciles hay pizza, donde había bacalao solo hamburguesas, donde uno podía beber los mejores vinos, solo birra. Y ni un cartel que diga de qué se trata lo nuevo.

Claro que al intentar en google abrir "Restaurante Pedemonte", ahora aparece "Bierhaus". Misma dirección, mismo teléfono. Todo tiene un principio, todo tiene un fin. Y el de Pedemonte se da en el peor de los escenarios: la indiferencia. 

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