Cuando la cepa insignia cansa un poquito

Malbec hasta en la sopa

Domingo, 16 de abril de 2017

Hoy, 17 de abril, es el Día Mundial del Malbec (ahora extendido a Semana), evento que sirve (y mucho) para la difusión de los vinos argentinos en el mundo. Hasta ahí una decisión inteligente. ¿Pero no están algo cansados de tanto Malbec en nuestras mesas vernáculas?

Hoy concluye la 7ma Semana del Malbec (en realidad hoy es el Día Mundial de nuestra cepa emblema y todos terminamos agobiados, como si todo comenzara y muriera en nuestra vitivinicultura con el bendito Malbec.

Justo cuando nacía Fondo de Olla, en mayo de 2010, Wines of Argentina (entidad conformada por las más importantes bodegas del país) inventó el Día Mundial del Malbec, destinado a aprovechar la bien ganada fama de nuestra principal variedad de exportación en los mercados internacionales, y así motorizar al resto de nuestros vinos.

Se trataba y sigue siéndolo una estrategia para vender más vinos argentinos en el mundo. Nada para reprochar claramente.

Pero sucede que a alguien se le ocurrió después que había que festejarlo internamente, como si hiciera falta. Si hasta en un restaurante de sushi los vinos que más se venden son Malbec. Somos pocos los que optamos por un Torrontés o un Sauvignon Blanc, a lo sumo un Pinot Noir, la variedad más versátil entre las tintas, para acompañar comida asiática.

Pregunten los lectores en cualquier restaurante cuál es la cepa más presente en las mesas y se darán cuenta de la realidad. Malbec y más Malbec, lo que me hace recordar a mi abuelo italiano que le echaba vino a la sopa. En aquella época, claro, lo que había era vino -nadie sabía salvo una minoría selecta-, que había varietales que estaban dando sus primeros pasos en la consideración del consumidor.

Si uno habla con los enólogos sotto voce, muchos reconocerán que un Cabernet Sauvignon argentino es un vino mucho más elegante y delicado, que un Malbec. Y que lo prefieren claramente.

Pero la industria tiene su caballito de batalla en este cepaje originario de Francia, que ha encontrado su lugar en el mundo en la Argentina, especialmente en la tierra mendocina.

No vamos a decir como el recordado Gato Dumas: "no me gusta el Malbec". Nada que ver. Nos encanta el Malbec, salvo cuando se trata de esos superconcentrados vinos de concurso, que son muy difíciles de beber. Un Malbec equilibrado es cosa seria. Pero por favor no nos obliguen a volvernos monotemáticos en materia de vinos.

Nos ocurrió hace pocos días, cuando degustamos con mucho placer un menú de uno de los mejores chefs del interior del país (quizás el mejor de todos), y debimos acompañar todos los platos con los mejores Malbec de una bodega norteña.

Una pena, porque en aras de celebrar una semana y una cepa, nos privamos de maridar correctamente algunos de los platos con otras variedades que esa misma bodega elabora con gran éxito por parte de los consumidores. Decisión de la empresa y de sus sommeliers o representantes comerciales, no sabemos.

Hace un par de días, escuchamos en la tele a un conductor decir que el "Malbec es la Bebida Nacional". Según ley Nº 26.870, el 2 de agosto de 2013 se declaró con esta categorización al vino, no a una cepa en especial.

No estamos en contra del Malbec, sino todo lo contrario. Pero es sabio no poner los huevos en una sola canasta. No sea que lo que nos está pasando aquí adentro, se traslade afuera. La saturación del Malbec. Como dice el tango: "en la variación está el gusto". 

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