Editorial

Banalización

Domingo, 9 de abril de 2017

La banalización se ha apoderado de nuestra gastronomía, donde abunda lo trivial, lo frívolo, lo insustancial. Y todos somos responsables: periodistas, chefs, dueños de restaurantes y comensales, entre otros actores.

Reflexiones de domingo. Llega el diario y basta ver la foto de la tapa de La Nación Revista, para darse cuenta de dos cosas. La primera es que la secta pega fuerte con su lobby. La segunda, es que más allá de que las revistas de los diarios cierran con bastante anticipación, se sabía que a Germán Martitegui le habían regalado un absurdo lugar en el ranking de los mejores 50 restaurantes del mundo (para la Revista Restaurant, de Inglaterra). La tapa, se cae de maduro, estaba pautada de antemano.

En efecto, como Tegui figuraba en el puesto Nº 49 (tan ilógico como el 42º de Boragó, otro insustancial restaurante en este caso de Santiago de Chile), la tapa era número puesto. Como si fuera real que sos el más grande del mundo solo por figurar en este ranking perverso. 

Y existe algo más grosero todavía: que un chef argentino (a quien nadie le quita méritos, dicho sea de paso), sea considerado el mejor cocinero de Francia, en tanto ignoran a un grande entre los grandes, como lo es Michel Bras, raya con la incongruencia absoluta. 

Muchos ignorantes se han llenado la boca estos días banalizando la situación. Al fin y al cabo, solo es una lista, que como único objetivo tiene denostar a la Guía Michelin que, aun con sus errores a cuestas puede jactarse de su confiabilidad a diferencia de los corruptos 50º Best Restaurants.En ésta los cronistas son anónimos y pagan, en la otra se votan entre ellos y siempre están invitados.

Queremos destacar que no tenemos nada en contra de Mauro Colagreco y de Germán Martitegui, no obstante que pertenezcan a esa secta que maneja a los títeres que figuran como jurados. Vaya a saber uno si son idiotas útiles o tiran su honra a los perros solamente por un mísero viaje a la premiación, o quizá para darse corte de que son jurados.

Ya sabemos que Colagreco tuvo desafortunadas declaraciones al señalar erróneamente que la carne argentina está "empeorando", algo insólito en alguien que es embajador de la Marca País, además de ser la cara visible de la cadena de hamburgueserías Carne. Vende hamburguesas de carne argentina y dice que son de carne empeorada. Absurdo.

Y al margen de que Martitegui nos discriminara alguna vez al no permitir nuestro ingreso a su restaurante, no podemos argüir que lo que hace no sirve para nada. Por el contrario, es un buen cocinero. Pero el chef es tan susceptible que apenas por haber dicho que para FDO, Tegui no es el mejor restaurante de la Argentina, mucho menos que esté entre los mejores 50 del mundo, nos cierra la puerta en la cara.

Listas al margen, su gran mérito en todo caso, ha sido formar parte de la secta y por ende obtener sin esfuerzo los votos necesarios para encaramarse entre los supuestos mejores. Obvio que los que lo votan y seguirán votando, son los afortunados que comen en su restaurante sin pagar los 200 dólares (o dolores), que vale el cubierto. Los jurados, entre ellos. 

Tomo 1, Chila, Aramburu, por caso, cuestan algo parecido. Y nos gustan más. Darío Gualtieri vale menos y nos gusta mucho más que Tegui. E inclusive hay muchos restaurantes de costo accesible que nos atraen más que Tegui. ¿Por qué entonces no decir lo que uno piensa? Total no nos interesa ninguna prebenda ni el privilegio de pertenecer (a la secta). Sabemos a qué estamos renunciando.

Hay que decir que la banalización de la gastronomía argentina no comienza ni termina con los 50º Best, las masticaciones, las acelgas y los gajos.

Desde el momento que hay gente que llena un lugar como Kansas, donde la gente no va a comer bien sino porque le estacionan el auto o hay muchas minas para el levante, somos frívolos y banales.

Lo mismo que ocurre con los restaurantes de la Costanera y Puerto Madero, donde todos van a ver y ser vistos (Brascó dixit). Hasta por ahí consiguen sacarse una selfie con un famoso. Continuamos siendo banales.

Mientras la prensa gastronómica prosiga nadando a favor de la corriente, seremos frívolos.

Mientras los cocineros alimenten su ego a cada paso (y acá le damos la derecha a Martitegui cuando dice que "el mundo de los chefs está sobrevalorado"), seremos banales.

Mientras los chefs y los dueños de restaurantes sean tan políticamente correctos (qué pocas excepciones que hay), seremos fútiles.

Mientras haya un grupo de periodistas que endiosa a Francis Mallmann como si fuera el Acurio argentino, continuaremos haciendo un culto de la mediocridad.

Mientras seamos tan banales jamás tendremos una verdadera gastronomía argentina. Más allá de lo que la secta nos quiera hacer creer que el mejor chef de Francia es argentino y que otro está entre los mejores 50 restaurantes del mundo. 

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