Editorial

20.000

Miércoles 1 de Marzo de 2017

Un número redondo que por sí solo no dice mucho. Sin embargo, para nosotros es un nuevo logro. Son 20.000 los "me gusta" que hemos acumulado a lo largo de estos casi siete años de vida junto a nuestros lectores.

A muchos colegas no les gusta hablar de seguidores o de los "likes" de Facebook. Quizá sea porque no los tienen, pero aun cuando somos de la "vieja escuela", el periodismo como lo conocimos los veteranos ya no es igual.

Vivimos un proceso de cambios vertiginosos. Los medios electrónicos, mal que les pese a algunos, siguen ganando espacio. Y los gráficos pierden lectores todo el tiempo. Es la realidad que nos toca vivir.

Todos los que aceptamos el desafío de escribir en sitios de Internet como Fondo de Olla y su correlación en las redes sociales, prácticamente tuvimos que aprender a escribir de nuevo. Por ejemplo, al titular las notas no sólo hay que hacerlo con gancho, para que el lector se sienta tentado a leer el texto, sino que también hay que saber qué palabra debe ir adelante, para que luego aparezcamos primeros en los buscadores (pagando es más fácil, claro).

Debemos entender que la palabra escrita debe ser la justa y necesaria, porque delante de una computadora, dicen, la gente lee menos. Aunque no siempre pasa así y las notas de Manuel Corral Vide, que son largas, lo certifican por la cantidad de lectores que siguen sus comentarios. Lo mismo pasa con nuestros editoriales, que son extensos más allá de lo que dicen las recomendaciones del periodismo digital.

Tal vez lo mejor que ha tenido esta revolución periodística, es que cada uno de nosotros ahora puede ser dueño de su propio medio. En nuestro caso, hizo posible que luego de muchos años de trayectoria en la prensa gastronómica, pudiéramos acceder a un lugar en el cual nos expresamos sin censuras ni exigencias de tipo comercial y, sobre todo, sin jefes que nos marquen la cancha.

Haber comenzado este desafío en 2010, cuando todavía estábamos viviendo el auge de las revistas especializadas en gastronomía, fue sin dudas todo un acierto. En primer lugar, porque los medios gráficos requieren de un mayor esfuerzo económico y por ende, siempre estuvieron limitados a la hora de hacer una crítica responsable, alejada de los intereses espurios. Es la moneda de cambio para poder sobrevivir. 

Hace algunos días, leíamos algunas definiciones del periodista español Rafael García Santos, quien refiriéndose a nuestra profesión, señalaba que "los que escriben hoy de gastronomía son unos lameculos". Hablaba de su país claro, pero todo es fácilmente trasladable a nuestro medio.

Cada uno conoce sus necesidades porque de algo hay que vivir, por supuesto. Pero llama la atención que pocas, muy escasas, sean las voces verdaderamente críticas. Porque siempre hay que cosas que cuestionar, aunque no lo parezca a la luz de lo que surge de la mayoría de las notas complacientes de la prensa gastronómica que leemos a diario. Las adjetivaciones exageradas están a la orden del día.

En ese sentido, Fondo de Olla es una mosca blanca, un pelo en la sopa, una rara avis, o como quiera llamársele a quien está dispuesto a decir su verdad cueste lo que costare.

Y vaya que cuesta. Hay que estar dispuesto a renunciar a muchas prebendas. A invitaciones a conocer bodegas, probar nuevos vinos, a viajar, a ser tratados como VIP, solamente porque escribimos favorablemente sobre algo o alguien.

Hay que estar dispuesto a que te impidan la entrada a determinado lugar, a que te critiquen a tus espaldas, a que seudocolegas inescrupulosos te difamen, aunque luego la realidad indique que eran acusaciones falsas. Tenés que soportar que traten casi como un paria.

Los demás se felicitan entre ellos. Y no existe solidaridad entre colegas, nadie saldrá a defenderte de la calumnia injustificada o cuando un chef propietario te niegue la entrada a su restaurante. En privado, están los que te dicen que hay que tener huevos para decir lo que decimos. Y te felicitan, pero que nadie se entere, no sea cosa que los otros se te pongan en contra.

Está claro que esa cifra que es motivo de este editorial (20.000) al mismo tiempo provoca que te necesiten (las empresas, los prenseros, etcétera). Es que hoy nos hemos quedado con pocas revistas y los medios digitales no son todos exitosos precisamente. Algunos ni siquiera miden como para tenerlos en cuenta. Y si encima hacés un comentario positivo, éste vale doble porque proviene de un medio en el que no se exacerban los elogios. 

Alcanzar esos likes no es poca cosa, porque son todos seguidores reales, no ficticios. Son puros, no pagos. Es gente que valora lo que hacemos, aunque a veces no estén de acuerdo con nuestras opiniones.

Salvo los que agreden, insultan o dicen palabras obscenas, todos los mensajes son volcados en el sitio. No inventamos nada, porque nuestros 20.000 son mucho más valiosos que 40.000 ó 50.000 incrementados colocando plata en las redes sociales.

No estamos comprados, no queremos quedar bien sino decir la verdad, no somos lameculos como dice el colega García Santos. En casi siete años junto a ustedes, nuestros lectores, hemos logrado posicionarnos como un espacio diferente en el que se dicen cosas que en otros lugares callan por interés.

Por eso, los 20.000 son tan significativos. Nosotros también sabemos escribir con los viejos preceptos periodísticos, pero esto es lo que se viene y no hay vuelta atrás. A los que no les gustan los "me gusta" será entonces porque no los tienen ni los tendrán nunca. 

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